martes, 5 de octubre de 2010

Rest in peace!

Comparto con los lectores de mi blog, artículo publicado por el Diario/La Prensa, el de mayor circulación en español, en New York: 

"Yo no era amiga del cónsul César Mercado, apenas lo conocía. Pero como paisana y periodista, me satisface compartir con los lectores de este diario, lo que dicen  amigos a los que él visitaba, con los que comía en la misma mesa, a los que acompañaba a la iglesia, con los que bailaba en las fiestas, y a los que atendía en su oficina: Profesional, sencillo, amable, son algunos de los calificativos que describen a este diplomático que a los 23 años de edad, llegó a trabajar como asistente al Consulado de Nicaragua en New York. Su violenta muerte, a los 34 años de edad, ha provocado conmoción y sorpresa general.

Una semana después de su horrorosa muerte, y cuando casi todas las evidencias sugieren que se trata de un suicidio, aún prevalece entre sus amigos la opinión de que fue asesinado. ¿Por qué?. Quizás porque somos incrédulos, posiblemente porque reaccionamos emocionalmente ante los hechos, o porque queremos preservar en nuestra memoria y en nuestros corazones, el recuerdo de ese ser humano con todas sus cualidades y con todos sus defectos. 

Algunas personas me desaconsejaron escribir; advirtieron que ofendería a gente que tiene arraigadas creencias religiosas, en caso de que fuera un suicidio. Pero él ya no está aquí para defenderse y quizás nunca sabremos la verdad. Yo creo que cualquier "pecado" que hubiera cometido ya lo pagó con lo único valioso que tenía, con su vida. ¿Acaso no es suficiente?. Que si era o no era homosexual es irrelevante. No anula sus cualidades profesionales y humanas. 

Si César se suicidó, hay que tener compasión y comprender el profundo dolor que lo empujó al abismo. Posiblemente se sentía muy solo y a lo mejor estaba pidiendo ayuda cuando hablaba de la muerte.

En la vela de Cesarito, como le llamaban sus amigos cercanos, ocurrió algo insólito. Quienes conocen la historia de Nicaragua me darán la razón, se trata de algo inverosímil: 180 nicaragüenses (entre los cuales había católicos, profesionales, hombres y mujeres), se pusieran de acuerdo en algo en menos de una hora. Frente a su ataúd y en medio del bullicio y caras tristes, apoyaron por unanimidad un documento dirigido a la prensa, para que ésta trate con respeto a Mercado, sea cual sea la causa de su muerte. 

Me apoyo en esas 180 firmas para afirmar que Mercado era una gran persona y demostró que era un cónsul extraordinario. A pesar de los vaivenes de la política nicaragüense, logró sobrevivir en su puesto a tres gobiernos consecutivos. Es otro hecho insólito en la política nicaragüense: Le dio trabajo el gobierno de Arnoldo Alemán, lo conservó en su puesto el de Enrique Bolaños y trabajó hasta su muerte para el gobierno de Daniel Ortega. Mercado decía que no tenía bandera política y se identificaba como un funcionario al servicio del gobierno y de su comunidad. 

Algunos lo llaman el Cónsul de los Pobres, porque visitaba hogares humildes, especialmente cuando le informaban que habría comida deliciosa. Dicen que le encantaba comer. El término "compañero", acuñado durante el gobierno izquierdista de los años ´80 y "borrado" por los sucesivos gobiernos de derecha en Nicaragua, lo usaba con frecuencia para hacer bromas. A un amigo  cercano le decía "compañero" y no paraba de reír cuando el otro, aparentemente enojado, le respondía "váyase al carajo". Ese era César Mercado". Rest in peace.

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